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Cuando la Muerte nos Separa

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Cuando la Muerte nos Separa [Libro]

Cómo superar el dolor de la viudez

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Descripción

CUANDO ALGUIEN A QUIEN TÚ AMAS, SE HA IDO...
Cuando su esposa falleció, el consejero para el dolor y el trauma, Dr. Norman Wright, sufrió mucho su ausencia y tuvo que luchar con el repentino vacío en su vida. A través de su dolor, él descubrió aspectos y medidas que le ayudaron a adaptarse a la vida sin su cónyuge. Poco a poco aprendió a descansar en la gracia de Dios y a aceptar el hecho, e incluso comenzó a darle la bienvenida al futuro. En cortos capítulos diseñados para facilitar la lectura en un momento difícil, Norman dulcemente nos comparte su propio viaje a través del dolor por la pérdida de su esposa y nos revela: Cómo contar con Dios para tener nuevas fuerzas y esperanza; cómo lograr que los recuerdos lleguen a ser reconfortantes en lugar de abrumadores; cómo encontrar el camino de regreso cuando aquél a quien amas se ha ido; Cómo resolver la ira, el lamento y los continuos "por qué" después de la pérdida. 

El autor expresa algunos de los sentimientos más profundos que uno experimenta mientras está de duelo, y lleva a cada lector a descansar en la voluntad soberana del Señor, animándolos a buscar a Cristo como el único que puede aliviar y restaurar el dolor .En cada capítulo, usted encontrará reflexiones personales que le ayudarán durante su periodo de pérdida. https://www.hnormanwright.com/about/

CONTENIDO

 Introducción –El gozo de mi vida

  • La interrupción de nuestra vida como pareja
  • El ataque del duelo 
  • El tiempo y su futuro
  • ¿Soy una persona normal? 
  • Los días especiales 
  • ¡Cuidado! ¡Frágil! 
  • Pérdidas 
  • ¿Por qué?
  • ¿Por qué el duelo? 
  • El vacío 
  • Ya no está allí 
  • Vive en su memoria
  • Una nueva relación 
  • Nunca es suficiente 
  • Sus recuerdos
  • Usted todavía está vivo
  • Recuerdos del pasado
  • Cambiando el “nosotros” por el “yo” 
  • La ropa que vestía su amado conyugue
  • Razones para el duelo 
  • Sentimientos producidos por el duelo
  • La ira 
  • ¿Molesto con quién? 
  • Una mirada más cercana a la molestia
  • Temores 
  • La depresión y el duelo 
  • Evitar el dolor 
  • Creo 
  • Reaprendiendo a vivir su vida
  • Ya no soy el mismo

  •  La decisión de recuperarte 
  • Una mirada a mí mismo
  • El don de escribir
  • Las expresiones de su duelo
  • Cuando parece que no hay salida 
  • Duelo no resuelto 
  • El último momento compartido
  • El conflicto del duelo 
  • Tómese su tiempo 
  • Proseguir 
  • Hacer enmiendas
  • Aceptar
  • Luchar contra el duelo
  • Ayude a otros a ayudarle a usted 
  • Recuerdos 
  • Sorpresas de parte de Dios 
  • Lo que me gustaría decir 
  • Cuidadores, un privilegio 
  • Duelo anticipado  
  • Reflexiones 
  • ¿Quién soy ahora? 
  • Despedirse 
  •  Transiciones
  • Historias de personas que se recuperaron del duelo
  • No entiendo, sorprendida por el duelo
  • La reconstrucción del huevo
  • La reconstrucción del huevo
  • Notas








Propiedades

Editorial: Editorial CLC
Idioma: Español
ISBN: 9789588217901
Referencia de producto: 01501901
Dimensiones:
140 x 210 x 15 mm
Peso: 0,276kg
Cubierta: Rústica
Número de páginas: 244

Prólogo

Este es un libro que jamás planeé o quise escribir. Todos somos conscientes de que en algún momento la muerte afectara nuestras vidas Pero no por eso se convierte en un asunto que podamos disfrutar. La muerte del amado cónyuge que comparte con nosotros el camino ya sea por un corto lapso o por medio siglo, como en mi caso, crea un vacío del tamaño del Gran Cañon en nuestro corazón. El presente y el futuro cambian de forma radical. Siento gratitud por el hecho de que mi esposa, Joyce, fue una parte integral de mi existencia durante mucho tiempo, pues su presencia enriqueció mi vida y me ayudo a convertirme en una persona diferente, en alguien mejor. Permítame contarle un poco sobre ella. Joyce era conocida como "Joy", que significa Bozo, lo cual era muy apropiado porque ella producía felicidad en muchas vidas. Su vida reflejaba las características mencionadas en Colosenses 3:12, “entrañable misericordia, benignidad, humildad, mansedumbre paciencia" . Durante su existencia enseñó mucho sobre la vida a las personas que estaban a su alrededor; nos enseñó también por medio del agónico proceso que la condujo hacia su ver verdadero hogar. Desde sus primeros años, a Joyce le apasionó la arte. Estudio violín y canto en varios grupos corales. Quizá el momento más significativo con relación al Canto fue participar en el coro en las cruzadas que Billy Graham realizo en Anaheim, California. Lo que muchos nunca supieron es que ella también era una talentosa artista. Joyce jamás tuvo la oportunidad de desarrollar su potencial, pero las pinturas que terminó eran de una gran calidad. Joyce asistió a Westmont College en Santa Bárbara, California, con el objetivo de tomar solamente las clases en las que estaba interesada. Pero lo mejor es que fue en ese lugar que tuvimos la oportunidad de conocernos. Luego, retornó a Glendale, donde consiguió un trabajo en Lawry Foods. Asistió a la iglesia Presbiteriana de Hollywood y fue una persona muy activa en el grupo de estudiantes universitarios. Fue en ese momento que empezamos a salir formalmente y un año después nos casamos en la capilla. Tuvimos dos hijos a los que Joyce amó profundamente: Sheryl y Matthew. Nuestro hijo padecía un retraso mental severo y murió a la edad de 22 años en 1990. Aunque las circunstancias fueron muy difíciles, Joyce las manejó con excelencia. Hizo todo lo que le fue posible para darle a Matthew una vida satisfactoria. A cambio de esto, Matthew enriqueció nuestras vidas y nuestro ministerio. Lo amamos profundamente. Nuestra hija Sheryl, fue una bendición increíble. Ella y Joyce tenían una relación muy cercana y se ministraban mutuamente en tiempos de necesidad. El día en que Sheryl nos bendijo con una encantadora nieta, nuestro gozo no tuvo límite. A Joyce le encantaba pasar tiempo con la pequeña Shaelyn. En la actualidad Sheryl y Shaelyn me siguen brindando consuelo y compañía. Pasamos muchos momentos juntos en la medida de lo posible y jugamos con los perros y el gato, vamos de pesca y hablamos. La vida de Joyce también se caracterizó por su disposición para amar, servir, ayudar y cuidar a otros. Aunque todos sabíamos que era muy callada y reservada cuando era parte de un grupo, se comportaba de una forma muy amorosa y era muy sociable cuando ministraba a las personas de forma individual. La mejor forma de describirla es decir que era una mujer llena de gracia. Muchos han dicho que podían confiar en ella porque era una mujer confiable. Una persona comentó: "Los ojos de Joyce tenían un gran brillo. Siempre estaba sonriente y contaba con palabras de ánimo para los demás. No importaba si estábamos hablando de la canción que acababa de entonar el coro, de una actividad ministerial de hombres que estaba próxima a realizarse o de un pez que Norman hubiese atrapado al ir de pesca esa semana. Siempre me llenaba de ánimo y recibía gran bendición al terminar de hablar con ella". Una de las tarjetas que recibí después de su servicio fúnebre decía: "Joyce Wright: una humilde protectora. Joy fue una heroína. Fue una sierva y un gozo para cualquiera que la conocía. Cuando evoco a esta encantadora llama que ahora camina por las calles del cielo, pienso en su entrada a su celestial hogar, encontrándose con su Salvador que le dice: 'Bien hecho, mi fiel sierva"'. Este pensamiento fue reiterado por muchas personas. Joyce también tenía una faceta aventurera que le salía a flote cuando ocurría un desastre. Siempre estaba dispuesta a brindar una mano y a trabajar para ayudar a los necesitados. También disfrutaba la pesca, especialmente cuando iba conmigo. Se deleitaba en los placeres y acontecimientos más simples de la vida y tenía un maravilloso sentido del humor. Su amor por Jesucristo, su Salvador personal, se veía en todo su entorno. Su vida fue dedicada a servirlo de cualquier forma que fuese posible. Animaba a otros y era una mujer de oración. Reflejaba la influencia de su piadosa madre, la cual también era una mujer que oraba. Constantemente Joyce hizo a un lado sus propias necesidades y deseos para ministra a otros. Durante casi cincuenta años, ella y su mejor amiga Fran, oraban juntas en el teléfono por miembros de la familia por amigos y por aquellos que padecían necesidades. Joyce amaba la palabra de Dios y compartía lo que aprendía con otros. Amo a Joyce. Algún día le volveré a decir: “Hola, Joice”
H.Norman Wrigth

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